lunes, 27 de enero de 2014

EL SIGLO DE LA LUCES - ALEJO CARPENTIER

EL SIGLO DE LAS LUCES
Alejo Carpentier

            Recientemente asistí a una nueva edición del Libro Fórum organizado por la Biblioteca Miguel de Cervantes Saavedra de Colmenar Viejo. La obra elegida en esta ocasión fue El siglo de las luces, de Alejo Carpentier. Una novela densa, magistralmente escrita, que merece leerse como se hace con las buenas obras, sin prisa.

            Durante la hora y media de la reunión, se mencionaron muchos e interesantes comentarios sobre la vida del autor, sobre la Revolución Francesa, y sobre cómo aquel acontecimiento llegó a las colonias del Caribe… El mundo de las ideas, el fenómeno de la revolución y la idea de la música se pusieron  sobre la mesa y si algún sabor me llevé a casa tras la sesión fue el sabor amargo de la decepción. Y no la decepción del buen momento que pasé en compañía de  personas tan estupendas, sino el de la decepción que trasciende en la historia y los personajes de la novela elegida. Una decepción que se traduce en la incapacidad del ser humano para afrontar grandes cambios sin sufrir grandes y penosas revoluciones. Y los interrogantes que eso provoca: ¿son necesarias las revoluciones?, ¿cuál sería el precio soportable para catalogarlas como algo legítimo?

            Para mí, si la revolución supone derramamiento de sangre, como ha ocurrido en tantas de ellas, el precio es ninguno. Ningún cambio merece tal sacrificio. La dignidad humana y el respeto a la vida están por encima de todo cambio que se quiera imponer a costa del sufrimiento de los demás. Y no nos engañemos: a lo largo de la historia todas las revoluciones han terminado en tiranía. ¡Ojo con los vendedores de humo!, comentábamos. ¡Cuidado con el dejarse llevar! Y entonces hablamos del miedo, el miedo al futuro, el miedo al miedo, el miedo como proceso mental, el miedo que se vende como anestesia del pueblo…

            Como era diciembre, terminamos la tarde con un villancico. Me hizo gracia ese ambiente tan familiar, y, de repente, al son de aquella canción popular, tan distinta a una sonata (cuya estructura se reflejaba en el libro comentado), me di cuenta de que todos, a pesar de nuestras ideas y, tal vez, de nuestro pesimismo, compartimos una sonrisa común, pues todos sonreíamos  y cantábamos contentos aquello de “pero miran como beben los peces en el río, pero mira como beben por ver a Dios nacido”. Tanto pensar y pensar y a estas alturas del siglo XXI, el hombre parece no haber descubierto que la clave de nuestra convivencia está en ese pequeño de Belén. Lo consideremos como Dios, como profeta o filósofo, Él tiene la clave, y la clave está en el AMOR.



Sonia Mª Saavedra de Santiago

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