domingo, 29 de junio de 2014

LA BRÚJULA CIEGA - JUAN RAMÓN BARAT

Por la palabra

            Hablar de sencillez en poesía suele denotar un cierto matiz peyorativo para muchos críticos y literatos, como se ha expuesto al analizar la obra de Bécquer, en el Romanticismo y, después, con otros muchos poetas. Con connotaciones como simpleza, facilidad, claridad, se hace una referencia directa a lo básico, sin elaboración, improvisado, etc. Cuando la poesía, si es belleza, supone un esfuerzo de perfección, meta final de un tiempo de dedicación, encuentro de términos, pulido, corrección, ampliación, etc.

            La sencillez, por el contrario, siempre es un valor en las relaciones sociales, utilizada para ensalzar las cualidades personales de aquellos que saben matizar su actitud o su lenguaje, haciéndolo accesible a la generalidad de la gente, presupone cercanía, proximidad, acercamiento, ruptura de obstáculos, vinculación.

            Lo mejor es unir estas dos referencias, en apariencia, antagónicas, para enmarcar la obra completa y perfecta. Bécquer consiguió hacer sencilla el alma de la poesía, resaltar la expresividad de todos y para todos, mostrar el sentir, siempre complejo, del amor en todos sus matices de plenitud o ausencia o desamparo o felicidad. Convirtió en asequible el complejo entramado de las emociones que describen la esencia amorosa y eso ya le cataloga como ingenio literario.

            Cuando he leído el libro de Barat, se me antoja el mismo modelo. Tras un vocabulario sencillo, asequible, depurado, amplio, decolorado en tonalidades de emociones, musicalidad oceánica, se profundiza en los temas candentes de la persona: soledad, creación, muerte y vida, luz, lo onírico, “el sabor de la nada”…; componentes amalgamadas, “y entender sin palabras / que soy esa luz”, que despiertan el recuerdo, la vibrante sensación de lo vivido, “la luz de aquel instante, en el que fui / feliz protagonista de una fábula”, la esperanza siempre positiva que hay siempre en cada poema. Alguna ironía referencial encandila siempre sin cegar el mensaje implícito “reflejada en la acera / y vi, sin pretenderlo / un falso duplicado de mí mismo”.
 
            Enhorabuena Barat por “no abdicarse jamás de la belleza” y enseñarnos con este poemario que seguimos vivos y sentimos contigo y gracias a ti “por la palabra paz. / Por la palabra.”


Jesús Villalobos García


La brújula ciega. Juan Ramón Barat

Ed. Pretextos



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