miércoles, 9 de marzo de 2016

VI SEMANA LITERARIA - ANA ALCOLEA



“Todos proyectamos nuestras personalidades en los libros, así cada uno reconstruye un libro distinto, el suyo propio”

El profesor Jesús Villalobos fue el encargado de presentar a nuestra tercera visitante, la zaragozana Ana Alcolea, quien llegó con gran disposición para hablar a los alumnos de ESO de dos de sus libros, El medallón perdido y El secreto del galeón, novela finalista de la presente edición del Premio Hache.

Jesús Villalobos hizo un recorrido por la obra de la autora, señalando los rasgos más importantes de cada una de sus publicaciones, para darle paso rápidamente y que se felicitara por encontrarse frente a un buen puñado de lectores jóvenes, y mostrase su satisfacción por estar participando en un proyecto como el Mandarache. Señaló a los jóvenes como creadores de los libros, porque son ellos quienes en verdad les conceden la vida a las obras gracias a la imaginación con la que las recrean.

Demostró ser toda una experta en manejar ese lazo invisible, hecho de palabras, que se establece entre el lector y el escritor, y pudimos comprobarlo cuando hizo que Romeo y Julieta vivieran durante unos minutos entre nosotros, unos instantes mágicos de silencio durante los cuales la atmósfera se transformó y permitió que todos compartiésemos el argumento de la tragedia de Shakespeare.

Ana reconoció que a veces la literatura la maneja a ella como si fuera una marioneta, porque va modificando los caminos de la obra que esté escribiendo, permitiendo que los personajes adquieran su propia vida y que a veces le pidan cambios en la trama que tiene entre manos. Algo que le suele ocurrir a los escritores que dejan un buen margen a la imaginación, que permiten que los argumentos y los personajes fluyan.

El acto finalizó con una firma multitudinaria, pero antes el profesor Jesús Villalobos nos regaló uno de los secretos de la autora, un poema, desvelando así otra faceta de Ana Alcolea que tal vez no sea muy conocida por el gran público.


Sentir
la eternidad de ese leve instante
de silencio que hay entre
ola
y
ola.

 Mirar
hacia el infinito
tras los ojos vacíos del viejo
muñeco chino de porcelana,...

y encontrarte en él.

 Y vivir juntos un momento
donde solo exista la nada,
y que esa nada
nos envuelva con su tupida niebla.

 Y que en un segundo sintamos
la totalidad del tiempo y del espacio eternos,
formando con nuestras bocas
una gruta milenaria.

 Permanecer en el instante eterno
del silencio que nace entre dos olas.

 Quedarse en la profunda oscuridad
de esos ojos ciegos.

 De esa nada que
siempre volverá desde la niebla.



 




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