lunes, 12 de marzo de 2018

ENTREVISTAS 10 - PAZ CASTELLÓ


ENTREVISTA A PAZ CASTELLÓ
MI NOMBRE ESCRITO EN LA PUERTA DE UN VÁTER

-     ¿No le pareció muy arriesgado tratar en su novela el tema de las suplantaciones literarias?

Me pareció, más que arriesgado, suicida, si lo que pretendes es publicar con una editorial convencional, porque supuse que podría cerrarme muchas puertas, pero lo que realmente me motivó a escribir sobre ese tema fue la necesidad de gritar al mundo una verdad que está amordazada y dar voz a muchos compañeros escritores que no la tienen.


-     Usted conoce muy bien los medios de comunicación, ¿realmente se dan en ellos ambientes tan turbios como los que refleja en la novela?

Cualquier ambiente en el que se cocinen los ingredientes del poder y el dinero es susceptible de generar un caldo de cultivo muy propicio para situaciones poco transparentes. De todas formas, los medios de comunicación no son exclusivos en esto.

-     Mauro Santos, Germán Latorre, Olvido Valle, tres almas muy diferentes, ¿con cuál de ellos ha disfrutado más a la hora de la escritura?

Creo que Germán Latorre me ha permitido dar rienda suelta a mi parte perversa. Todos la tenemos, pero normalmente no la desarrollamos. Poder hacer y deshacer sin condicionamientos morales que me limitaran porque el que hacía era Germán y no yo, me ha permitido disfrutar mucho del proceso creativo. Los malos son siempre muy agradecidos. Es algo así como disfrazarte en Carnaval, por un tiempo eres alguien que no eres normalmente. Olvido y Mauro me tocaban más mi parte emocional, y ponerme en la piel de sus sentimientos en ocasiones me ha hecho sufrir.

-     Mauro ama la literatura profundamente, ¿es posible sentir tanto cariño por ella? ¿Qué tiene de especial esta disciplina artística?

Claro que es posible, la historia está llena de ejemplos como Mauro Santos. La literatura es, a mi modo de ver, magia. Es una disciplina artística ligada íntimamente a la capacidad del lenguaje que poseemos los seres humanos. Las palabras crean historias, nos hacen sentir, son infinitas, y se convierten en un medio transmisor de otros mundos y otras realidades.

-     A ratos se acerca en la novela a la intriga criminal, ¿le sedujo más ese apartado o el que habla de la creación literaria?

Siempre he pensado que me he equivocado de época al nacer porque me siento bastante renacentista. Son muchas las disciplinas que me llaman la atención y en las que he buceado en algún momento de mi vida. La literatura, la psicología, la criminología…, así que no creo que pudiera decir que una la disfrutara más que otra, simplemente todas forman parte de mí.

-     ¿Cuántas ideas sobre la literatura y la escritura de las que hay en la novela son de Paz Castelló?

Muchísimas, tal vez demasiadas. Releyendo la novela me he sentido como si hubiera hecho un desnudo integral. Siempre con los matices de personalidad del personaje, Mauro Santos, construido desde un perfil narcisista, pero en esencia, su sentir es el mío, o al menos lo fue en el momento de escribir la novela.

-     La novela arroja varios dilemas acerca de la ética y lo moralmente correcto, ¿le seduce colocar al lector en esas disyuntivas?

Sí, es cierto. Es algo que ocurre en todas mis novelas. Son disyuntivas que yo misma me planteo. Qué está bien y qué no lo está es algo difícil de acotar y dependiente de muchos factores sociales, culturales, personales, legales… Busco que mis personajes se liberen de mis condicionamientos personales, así que prefiero que sea el lector el que se implique en según qué cuestiones.

-     Acaba de publicar Dieciocho meses y un día, una novela tremendamente poderosa en su planteamiento y en el tema que trata, ¿cómo ha ido la experiencia si la comparamos con la anterior?

Para escribir necesito que el tema me seduzca, que me motive, que me sirva para contar algo a través de los personajes. La violencia de género es uno de esos temas que causan en mí frustración, impotencia, rabia… y me pareció una buena forma de visibilizar el problema. Escribir Mi nombre escrito en la puerta de un váter fue una experiencia liberadora, casi terapéutica. Me sirvió para sacar fuera toda la frustración que como escritora invisible en aquel momento había acumulado. Sin embargo, Dieciocho meses y un día fue más bien una experiencia agónica, asfixiante, angustiosa y desesperante. Quise encontrar respuestas, pero sólo encontré más preguntas.

-     ¿Qué planes literarios le aguardan ahora?

Hace mucho tiempo que no hago planes más allá de seguir disfrutando de la literatura y del proceso creativo. Generar expectativas sólo trae desilusiones y frustración, especialmente en un mundo tan complicado como éste. Así que prefiero que la vida me sorprenda. Lo que tenga que ser, será. Yo me considero una obrera de las palabras, mi labor es trabajar todos los días y hacerlo lo mejor posible. Lo demás no depende de mí. Soy una superviviente, me adapto al hábitat.

-     Recomiende una novela a un lector adolescente y a otro adulto.

Para adolescentes recomendaría El mundo de Sofía de Jostein Gaarder, para introducirse además, en la filosofía. Para adultos, Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez.

Antonio Parra Sanz

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