InspirArte 2018. Sesión 3

MUJER EN EL BAÑO, Roy Lichtenstein (1963)



He buscado en Google el cuadro “Mujer en el baño” de Roy Lichtenstein de 1963. Siendo sincera, es la primera vez que lo veo.

Observándolo, de entrada puedo decir que esta joven mujer que está en la bañera parece de lo más feliz, disfruta realmente de su baño de espuma, seguramente perfumada con sales de baño.
Me imagino… que ella ha llegado a casa después de un largo día muy atareado, tal vez trabajando, como una mujer de los años sesenta, moderna e independiente. Tal vez llegó con hambre y cenó. Tal vez recogió la cocina después. Y como merecida recompensa se preparó un relajante baño.
Puso primero el tocadiscos con uno de sus discos preferidos para ambientar el momento. De su dormitorio cogió un camisoncito y las zapatillas.
Abrió el grifo de agua y llenó la bañera mientras se quitaba la ropa del día y los incómodos zapatos de tacón. Se sujeta el cabello con unas horquillas para no mojárselo. Coge su frasco de sales de baño y echa una buena cantidad en el agua caliente y remueve con la mano para producir la espuma.
Lo siguiente fue meterse dentro de la bañera y dejar que el agua cubriera su cuerpo cansado. Se relaja de inmediato. Mientras se enjabona canturrea feliz la canción que llega del tocadiscos situado en el salón.
Si alguien estuviese observándola tras una cámara, vería a una mujer joven y guapa alegre de vivir el día a día.
Coral Solano Sánchez. Alumna de 3ª ESO      

Skjønnhet 

Escuché alboroto alrededor. No era mi día desde que había sacado los pies de la cama. Hacía frío en las calles de Calatayud mientras caminaba a clase. Me crucé con Eric antes de llegar al instituto y, no sé por qué, instantáneamente pensé en lo que el profesor dijo en la clase del día anterior.

«La naturaleza humana siempre se declina y se declinará por la belleza.

Es así, entre algo desagradable y algo agradable, y relacionando agradable con bonito, elegimos esto último.Aunque la belleza es una de las cosas más subjetivas que conocemos. En realidad, existe una línea de lo más delgada entre clasificarla como subjetiva u objetiva. Es decir, lo que a alguien le parece bonito, a otra persona puede parecerle feo, obviamente, pero también hay elementos que son bonitos de por sí y que lo son para el 99% de la población.

La belleza es como la diferencia entre los humanos, estamos en una balanza en la que cada uno es distinto del anterior, pero a la vez tenemos muchísimas características que nos hacen absolutamente iguales.

Lo importante de todo esto es respetar lo que a cada uno le parece bonito o no. 

Pongámonos en el caso de que alguien se nos acerca y, transparente como el agua, nos dice que somos feos. No tendría que sentarnos mal, y sin embargo suele ofendernos. Es más, hay profesores que obligan a sus alumnos a que no llamen feo a un compañero, a que no lo "insulten". Esto es como los piropos, la cosa cambia mucho según como se diga. ¿Por qué no se les enseña a estos niños a decir lo que piensan con respeto en vez de prIvarlos de su libertad de expresión?

Si nos dijeran que somos guapos, entonces la cosa cambiaría, y no debería ser así. ¿Por qué la palabra feo es un insulto y guapo no? A lo mejor un alumno se siente ofendido porque le digas que es guapo porque no piensa igual que tú, o a lo mejor alguien se siente halagado porque pienses que es feo. El ser humano es, sin duda, el ser más complicado que existe, con lo fácil que es entender que el truco está en no interponerse en los gustos de ninguna persona.

Tendemos a ofendernos con una opinión cuando no estamos de acuerdo, y esto es un gran error del desarrollo humano. Una falta de tolerancia que debemos arreglar.

Todos los seres son bonitos y, a la vez, todos los seres son feos. ¿Qué problema hay en ello?»

Indudablemente el profesor tenía razón. A mí, Eric, por ejemplo, me parecía muy guapo, tenía los ojos azules, el pelo también y media cara quemada por un accidente que tuvo de pequeño. Entiendo que otras personas no sepan ver su belleza, y que les parezca desagradable que a mí sí, pero no debería ser así. La belleza también tiene que ver con la autoestima, con la forma de ser y con el empeño que le pongas. Es así, si te convences de que algo es bello, terminará siéndolo. Los seres humanos somos capaces de muchas cosas, incluso de convencernos para ver cosas donde no las hay.

Eva Marín García. Alumna de 2º de Bachiller


He tenido que pedirle a mi vecina del apartamento 27 que se quedara un rato a Joey; su Mikey es de la misma edad y van juntos al colegio del barrio todas las mañanas. Se ha hecho cargo enseguida: no te preocupes mujer, si no nos ayudamos las unas a las otras ¿quién va a hacerlo?
Menos mal que estaba en casa y ha podido hacerme el favor, por un instante se me ha venido el mundo encima cuando Mary me ha dicho que hoy trabajaba en el turno de tarde, porque su compañera Elizabeth se había resbalado en la cocina del restaurante y su jefe no tenía otra de quien echar mano. He creído que esta mala suerte que lleva tanto tiempo persiguiéndome, estaba haciendo otra vez de las suyas.
Desde que Michael tuvo que marcharse a ayudar a poner en marcha un nuevo taller en la otra punta del estado, porque para el dueño es indispensable, pero no le aumenta el sueldo ni a la de tres, no levanto cabeza, la vida se empeña en ponerme una traba tras otra a ver si salgo adelante sin mi marido, y darle así la razón a mi madre ¡¿cómo vas a poder tú con todo sola?! Que su fe en mí no es más grande que la hormiga que acabo de cruzarme en el rellano, porque otra cosa no, pero a vista aguda no me gana nadie: lo veo todo, por insignificante que parezca y nadie más se percate, yo, lo veo.
Y gracias a ese pequeño don fue como vi el anuncio en el periódico; estaba en el banco de la esquina, debió de dejarlo olvidado el señor Mackenzie, ese anciano lo coge todos los días de la papelera que hay delante de nuestro portal, religiosamente, sin faltar uno: llueva, truene o nieve, él se acerca con su paso cansado, apoyado en su bastón y lo saca como si fuera un preciado tesoro, que para él lo es, sin duda. Se pasa al menos una hora cada mañana en ese banco ojeándolo, y luego lo dobla cuidadosamente para depositarlo nuevamente en la misma papelera, pero ayer tuvo que pasar algo, porque es extraño que altere su ritual, debido a ese imprevisto yo lo recogí con intención de devolverlo a su sitio, cuando unas letras llamaron mi atención y me detuve a leer el mensaje que me ha traído hasta aquí. La verdad es que desde entonces presiento que mi suerte está empezando a cambiar, con lo que me paguen podré aguantar hasta fin de mes, porque el dinero que me dejó Mike…, que si su jefe es tacaño, él más: se cree que un dólar se estira sin límite, y mira que yo me doy buena maña en buscar los mejores sitios para que esos pocos billetes duren, pero esta vez se está alargando el montaje del nuevo taller y apenas me quedan 5 dólares.
Parece increíble, pero es cierto: me pagan por estar media hora en esta increíble bañera, dos veces a la semana, para que ese tipo extravagante me pinte… que digo yo: ¿qué interés puede tener nadie en un cuadro en el que sólo hay una mujer en el baño? A lo mejor es para la campaña publicitaria de esa marca de gel que anuncian tanto en la tele, pero me da igual, entre todas las que se presentaron me han elegido, y todo porque en cuanto me vio el pintor dijo: ¡esa, esa es la cara que llevo meses buscando: la de una feliz ama de casa! Me da una risa, aunque si hay que sonreír, yo sonrío, y más pensando en que el dinero es para darme algún caprichillo, y todo el país me va a ver, para que luego diga mi madre que no me las sé apañar sola.
Temperatura del agua perfecta, nivel de espuma idóneo, por fin un momento para mí…

Eugenia Pérez Zarauz. Profesora de Lengua Castellana y Literatura



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